Weberiando .... la política como vocación

El autor a lo largo del texto analiza los fundamentos del Estado capitalista moderno, su forma de operar y los diferentes modos de legitimidad existente que justifica su accionar. Por otra parte, devela las interconexiones entre Estado y la política, ambos indispensables para la comprensión del pensamiento social de occidente, en la medida que plantea el contenido ético de la acción política a partir de la conducta de un político. En este sentido, sus reflexiones se sitúan en torno a: ¿Qué es, y que significa la política como vocación? Y ¿Cuál es el papel que, independientemente de sus fines, llena la política en la economía ética de nuestra manera de vivir?

Weber identifica dos tipos de ética que pueden ser distinguidas a lo largo de la historia del pensamiento moral, una la ética de la convicción y otra, la ética de la responsabilidad. La primera alude a que (religiosamente hablando) “el cristiano obra bien y deja el resultado en manos de Dios”, es decir que la máxima subjetiva del accionar individual pueda ser elevada a ley universal, donde el fin no puede ni debe justificar a los medios. En cambio,  la ética de la responsabilidad (ligada a las corrientes utilitaristas) el criterio de enjuiciamiento de las acciones humanas son los resultados o consecuencias que produzcan, es decir, hay que conseguir la mayor felicidad para el mayor número posible de personas (ética del éxito). Desde aquí el autor indicará que la ética política moderna puede ser designada como ética de la responsabilidad. En este sentido, el autor racionaliza la ética política como la forma de organización de la vida social y económica moderna basadas en los principios de eficacia y conocimientos técnicos. “El medio decisivo de la política es la violencia, y pueden ustedes medir la intensidad de la tensión que desde el punto de vista ético existente entre medios y fines… La singularidad de todos los problemas éticos de la política está determinada sola y exclusivamente por su medio específico, la violencia legítima en mano de las asociaciones humanas”.

La justificación de la ética de la responsabilidad, como premisa en el quehacer del político moderno impacta no solo el subsistema específico que atiende (político) sino que en gran medida también genera puentes de conexión de ida y vuelta con los subsistemas económicos y socioculturales. El utilitarismo moral de las justificaciones de ésta naturaleza no es más que la desacralización o desmitificación del mundo en este subsistema específico. Es decir, da cuenta de la creciente racionalización del mundo y de la relevancia que toma la acción racional con arreglo a fines en las sociedades capitalistas modernas, llevando a las sociedades a lo que el autor denomina la tragedia de la cultura. En este sentido, las guerras estarían justificadas en la medida que se encuentran ponderadas sus consecuencias a través de un cálculo racional, donde la distinción de “lo bueno y lo malo” se ciñen al gusto del consumidor. La lectura del texto en función de la distinción de las dos éticas (convicción y responsabilidad) retratan las tensiones existentes entre la dialéctica de la modernidad racionalidad con arreglo a fines y la modernidad con arreglo a valores reclamo persistente del Lebenswelt frente a la colonización de los sistemas.

 

 

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