La globalización sin lugar a dudas llegó para quedarse. Los sistemas que conforman aquello que denominamos social han sido tendientes cada vez más a desarrollar sistemas de diferenciación funcional en todas las esferas. Especialización e integración al interior de cada sub campo específico de éste quehacer responden de una parte al aumento de relaciones densificadas al interior del globo y de otra de cómo es posible -ya que el planeta se nos acabó-, la acción concertada a escala planetaria.
La economía, la política y la cultura han sido afectadas por este espíritu de los tiempos, que si bien algo queda de aquellas sociedades industriales capitalistas que retrataban los grandes clásicos de la sociología no surgen o develan esquemas compresivos cabales que retraten esta sociedad de nuevo cuño que se nos cuela por los dedos y se encarna en nuestros espíritus y territorios.
Los grandes relatos acertados o no de nuestros Estados Nacionales anclados por los padres fundadores en el caso norteamericano, la república en el caso francés o el espíritu de los pueblos en el caso alemán no dan cuenta de un ciudadano global que pueda desplazarse libremente y en la misma garantía de derechos que el ya clásico concepto de capital. De otro modo, aún cuando la diferenciación e integración sistémica en todos y cada uno de los países del globo la globalización y su ideología (el globalismo) han establecido subcategorías y pesos de ciudadanos donde la pregunta por la integración social no ha sido tema.
El mundo tiende a la diferenciación pero también y en gran medida a la indeterminabilidad de los cambios que allí acontecen. Fragmentación, difusividad de los riesgos y responsabilidades de nadie; han sido las consecuencias de éstos cambios con fronteras permeables y textura porosas.
Argüir la culpa a la globalización del desacoplamiento casi irreversible entre sujetos y estructuras (estamos al borde de no poder habitar las instituciones) o que la normativa positiva del derecho a escala internacional ya no funciona como antes de pegamento de lo social sería como culpar a Dios de la adebacle dejada por los cristianos. Mejor abría que culpar a Calvino por los protestantes y al proyecto político del globalismo mas que a la globalización…


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